jueves, 2 de diciembre de 2010

Los tiempos se están pudriendo

Vivimos rodeados de zombies. De zombies reales e imaginarios. A los bancos en crisis, enfermos de de morosos y sub-primes, los llaman "bancos-zombies", y en cuanto los especuladores los señalan con el dedo no aguantan ni dos telediarios -lo mismo que le pasó a Islandia, a Grecia y luego a Irlanda, más tarde seremos nosotros, bueh...

A los que ya estamos muertos la crisis no nos afecta, estamos acostumbrados a nuestra "zombilidad" ©. Quizá por eso no nos sorprenda que la tele se haya ido llenando poco a poco de muertos vivientes. No sólo no nos sorprende, sino que a servidora, adicta al género, no le molesta en absoluto. The walking dead es sólo la última serie de moda en una época en la que la carne podrida se lleva más que nunca -si además de al fantástico y el terror, eres adicto al cómic, ahora toca decir que la serie es una mierda.

Poco antes vivimos el penúltimo revival del mundo vampírico, con True Blood como ejemplo más o menos decente de lo que el siglo XXI podía aportar al apolillado universo creado -o recreado- por Bram Stoker. Si hay algo que llama la atención en cada uno de estos revivals es cómo se tiende a humanizar cada vez más al vampiro, como si le quisiéramos dar la oportunidad de habitar entre nosotros; porque los vampiros, a fin de cuentas, también han sido humanos, comparten nuestros sentimientos -bueno, algunos al menos-, se merece un huequecito en nuestra sociedad, aunque sea en un ghetto ad hoc.

¿Y qué pasa con los zombies? ¿Acaso ellos no fueron una vez también humanos? Y no pactaron con el diablo ni se entregaron a la molicie masoquista de algunos vampiros conversos. Son auténticas víctimas con las que, sin embargo, nadie se identifica en ninguna obra de ficción.

No hay "galanes zombies", ni se ha intentado crear o imaginarlos como personajes con profundidad y evolución. Se dirá que las reglas del género lo impiden, sin embargo las que rigen sobre otras criaturas de la imaginación ésa que produce monstruos -como, por ejemplo, ¿quiénes? Ah, sí: los vampiros- son igual de estrictas y tajantes, lo cual no ha impedido a los creadores saltárselas una y otras vez a su conveniencia.

¡Destruyamos este género que huele a gangrena desde su gestación! ¡Reinventemos a los zombies! ¿Quién nos dice que detrás de un cadáver ambulante de polvorientas y ajadas carnes no se puede encontrar un alma que degenera o evoluciona a la par que su cuerpo, cual mezcla entre Dorian Grey y Benjamin Button. ¡Hey, ahí hay una idea! Pilladla al vuelo y haced con ella lo que queráis, que no se me ocurren muchas y cuando se me ilumina la bombilla me da mucha pereza.